Técnica de engastado en joyería en la que múltiples piedras pequeñas — habitualmente diamantes o piedras de la misma medida — se colocan muy próximas entre sí, casi sin separación visible, fijadas mediante pequeños granos de metal que sostienen cada piedra por sus laterales.
El resultado es una superficie continua y brillante que cubre por completo la zona engastada de la pieza, creando el efecto óptico de una calzada empedrada con gemas, de donde proviene el término.
Se utiliza con frecuencia en anillos de compromiso, alianzas, brazaletes y otras piezas de alta joyería en las que se busca maximizar el brillo y la presencia de las piedras sin recurrir a engastes individuales más voluminosos.
Del francés pavé ('adoquín' o 'empedrado'), participio pasado del verbo paver ('pavimentar, empedrar'). El término fue adoptado del francés por el sector joyero europeo a finales del siglo XIX, conservando su forma original sin adaptación al español.
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